Un peso pesado de los medios destrozó sin piedad a la estafa de los siete millones!
El doloroso tropiezo del Más Monumental no solo significó la pérdida del invicto en la naciente era de Leonardo Ponzio, sino que desató una verdadera carnicería mediática contra uno de los refuerzos más costosos y decepcionantes del último mercado de pases. Tras la durísima caída frente a Huracán, el mediocampista Mauro Arambarri quedó en el ojo de la tormenta y recibió una paliza conceptual absolutamente letal por parte del reconocido periodista Flavio Azzaro, quien no tuvo ningún tipo de filtro a la hora de exponer sus miserias futbolísticas.
El comunicador fue tajante en su análisis y sentenció que el volante charrúa padece un problema sumamente grave que excede por completo cualquier imperfección técnica. El conductor explicó con una crudeza brutal la abismal diferencia entre equivocarse en la ejecución de un pase a dos metros y la actitud cobarde de esconderse de la pelota. Según su visión, el jugador busca deliberadamente que el flujo del juego lo evite, ubicándose en posiciones inútiles donde sabe perfectamente que el balón jamás le va a llegar, demostrando un pánico escénico inaceptable para la alta competencia.
El eje central de la crítica apuntó directamente al peso de la historia. El periodista aseguró que a la millonaria incorporación le queda verdaderamente gigantesca la camiseta de River Plate, argumentando que la asfixiante atmósfera de Figueroa Alcorta lo devoró por completo. La terrorífica noche del uruguayo quedó inmortalizada en dos secuencias fatales: su tibio ingreso para reemplazar al desgarrado Tobías Andrada y la imperdonable definición por encima del travesaño a escasos minutos del final, dilapidando una inmejorable asistencia rasante de Gonzalo Montiel que significaba el empate agónico.
La maldición quemera y la ineficacia que sepultó el invicto
El trámite del encuentro expuso una radiografía dolorosa de un equipo que se desarmó por completo tras las salidas tempraneras de Thiago Almada y el propio Andrada. La estadística del partido es una bofetada a la lógica: la escuadra visitante pateó apenas dos veces al arco y facturó en ambas oportunidades gracias a los certeros remates de Óscar Cortés y Lucas Blondel, mientras que el conjunto millonario acribilló la portería rival con una veintena de disparos, topándose sistemáticamente con la muralla construida por el guardameta Hernán Galíndez, haciendo estéril el empate transitorio conseguido por Tomás Galván.
Esta catástrofe deportiva no solo marginó al equipo de los puestos de clasificación a los octavos de final del Torneo Clausura, sino que estiró una racha histórica verdaderamente humillante. El club acumula la escalofriante cifra de una década sin poder doblegar a este rival en condición de local, maldición que desató la furia absoluta de Nicolás Otamendi, quien al finalizar el choque estalló de bronca asegurando que la visita los lastimó con dos llegadas totalmente aisladas que terminaron tirando por la borda todo el sacrificio táctico del plantel.
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