La dirigencia pierde la paciencia y le pone fecha de vencimiento al ciclo del técnico interino
La cúpula dirigencial del Más Monumental ha decidido terminar con las especulaciones y estableció un ultimátum verdaderamente despiadado para el actual ocupante del banco de suplentes. Tras la caótica salida de Eduardo Coudet, la institución de Núñez se encuentra atravesando un inestable período de transición que tiene a las máximas autoridades con los nervios de punta. La comisión directiva liderada por Stéfano Di Carlo definió que la continuidad del actual estratega de cara a la temporada 2027 dependerá pura y exclusivamente de los resultados que obtenga de aquí al mes de diciembre, dejando en claro que nadie tiene el puesto asegurado por el simple peso de su historia.
La situación contractual del entrenador esconde una trampa burocrática que muchos pasaron por alto. Si bien en los registros oficiales de la asociación figura un vínculo firmado hasta el mes de agosto del lejano año 2027, esta extensión de papeles respondió única y exclusivamente a una estricta exigencia reglamentaria impuesta por la AFA. Las normas dictaminan que un técnico interino no puede comandar a un equipo por más de dos fechas bajo esa condición, obligando a firmar contratos con una duración mínima de un año calendario, lo que significa que esa firma no garantiza bajo ningún punto de vista su permanencia real en el cargo.
El análisis exhaustivo de los primeros pasos de este ciclo arroja un saldo que no termina de convencer a los paladares negros de Figueroa Alcorta. El arranque pareció ser arrollador al encadenar tres victorias consecutivas frente a Banfield, Independiente Rivadavia y Atlético Tucumán, inyectando una dosis de esperanza en las tribunas. Sin embargo, el reciente y doloroso tropiezo con derrota incluida frente a Huracán volvió a desnudar todas las falencias estructurales del equipo, activando nuevamente las alarmas y poniendo bajo la lupa el nivel de conducción del cuerpo técnico.
Las exigencias planteadas por la secretaría técnica para evitar la guillotina a fin de año son absolutamente innegociables. El objetivo deportivo es binario: el estratega está obligado a coronarse campeón del Torneo Clausura y debe abrochar sin excusas la clasificación directa a la próxima Copa Libertadores. El panorama actual es asfixiante, ya que el equipo deambula en la octava posición de su zona, rasguñando el último boleto a los playoffs, y se ubica a cinco unidades de la zona de clasificación en la tabla anual con cuarenta y dos puntos, dejando el margen de error completamente reducido a cero.
Ante la posibilidad concreta de un fracaso rotundo, la directiva ya diagramó un plan de contingencia y tiene una lista de reemplazantes de élite aguardando en las sombras. El calendario inmediato es un campo minado de seis batallas a todo o nada, incluyendo el Superclásico frente a Boca Juniors y los inminentes choques ante Estudiantes de Río Cuarto y Sarmiento. Si el equipo no logra enderezar el rumbo en estas semanas críticas, los teléfonos de apellidos pesados como Hernán Crespo, Gabriel Heinze, Pablo Aimar, Lionel Scaloni y Sebastián Beccacece comenzarán a sonar sin descanso para tomar las riendas del primer equipo.
El hombre que se encuentra sentado sobre esta verdadera bomba de tiempo es un prócer intocable que conoce cada rincón del club tras su paso por la Secretaría Técnica, respaldado hoy por figuras del calibre de Marcelo Escudero y Marcelo Barovero. Tras haber pedido internamente que se respete el rótulo de interinato, el eterno capitán sabe mejor que nadie que en Núñez se vive de resultados y no de recuerdos. El destino del banco de suplentes de River Plate pende de un hilo, y dependerá pura y exclusivamente de la capacidad de Leonardo Ponzio para sobrevivir a esta carnicería deportiva y demostrar que está a la altura del saco más pesado del continente.
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