La cúpula dirigencial explotó de furia y le soltó la mano a una figura clave del club!

Mientras el pueblo millonario intenta enfocarse en la levantada deportiva tras el inicio del interinato, las aguas bajan más turbias que nunca en los pasillos del Más Monumental. El alivio por los recientes triunfos no logró maquillar el desastre de una planificación anual que dejó heridas profundísimas en el seno de la comisión directiva.


La histórica racha de seis derrotas consecutivas, la peor seguidilla adversa en los 125 años de vida de la institución, dejó secuelas imborrables. A esto se le suma el enorme malestar por una inversión faraónica que superó la barrera de los 70 millones de dólares en refuerzos durante este 2026, un gasto que hasta el momento no se vio justificado en el verde césped.

Ante semejante despilfarro económico y fracaso deportivo, los altos mandos institucionales comenzaron a buscar responsables directos. Toda la furia de la mesa chica recayó de lleno sobre el principal encargado del armado del plantel profesional, dejando su continuidad pendiendo de un hilo de cara a la próxima temporada.

El director deportivo en la mira y el malestar innegociable

El gran apuntado por esta severa crisis es Pablo Longoria. El cuestionado director deportivo, que aterrizó en Núñez a fines de abril proveniente del fútbol francés, se encuentra en el ojo de la tormenta. Una facción mayoritaria y muy pesada de la dirigencia no está para nada satisfecha con su metodología de trabajo ni con los resultados de su gestión.

El descontento es tan grande que, puertas adentro, ya se discute abiertamente su futuro. Si bien por el momento no existe una decisión tomada para ejecutar su despido de manera inmediata, su participación en el organigrama del club para el año 2027 quedó bajo una estricta y rigurosa revisión, sin ninguna garantía de continuidad.

Los rumores sobre una limpieza profunda en la estructura del fútbol profesional inundaron las oficinas de Figueroa Alcorta. Las versiones más extremas llegaron a plantear la posibilidad de múltiples despidos en el área técnica, aunque desde el entorno más íntimo de la presidencia se encargaron de asegurar que la figura del ídolo Enzo Francescoli es absolutamente intocable.

El clima de tensión es tal que en los pasillos de Ezeiza nadie sabe a ciencia cierta quién será el primero en armar las valijas. La incertidumbre abarca desde jugadores marginados, como el caso de Lautaro Rivero, hasta la propia figura del cuestionado mánager español, quien paradójicamente fue el encargado de comunicarle a los futbolistas apartados que ya no entrenarían con la Primera.

El ultimátum presidencial y los plazos de evaluación

Frente a esta olla a presión, el mismísimo Stefano Di Carlo tuvo que intervenir para intentar calmar las aguas y poner paños fríos a la situación. La máxima autoridad de la institución pidió prudencia a sus pares de comisión directiva, argumentando que es materialmente imposible evaluar el trabajo estructural de un profesional en apenas un par de meses de gestión y con un mercado de pases recién cerrado.

No obstante, el ultimátum quedó planteado de manera innegociable. La presidencia ubicó la fecha de vencimiento de este período de gracia inmediatamente después de que finalice el mercado de transferencias de enero. Recién en ese momento se ejecutará un balance exhaustivo, con reflexiones profundas y una autocrítica brutal sobre el rol del director deportivo.

Con la soga al cuello y bajo la lupa constante de los directivos más críticos, el mánager europeo deberá demostrar en los próximos meses que está a la altura de las exigencias del club más grande del país. El próximo verano será decisivo, y un nuevo paso en falso en materia de contrataciones decretará su salida definitiva de la institución.

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