El León destierra a la joya que había apadrinado el Chacho!

El recambio absoluto en el banco de suplentes del Más Monumental trajo consecuencias nefastas e inmediatas para algunas de las promesas más rutilantes de la cantera. Lo que hasta hace apenas unas semanas parecía ser el despegue definitivo en la carrera del juvenil Facundo González, hoy se transformó en un verdadero calvario deportivo. Tras ser promovido inicialmente bajo el ala protectora del segundo ciclo de Marcelo Gallardo y sumar un protagonismo inesperado con Eduardo Coudet, el flamante estratega Leonardo Ponzio le bajó el pulgar de manera tajante y ordenó su destierro inmediato hacia la división Reserva


El drástico cambio de panorama choca de frente contra los números que el defensor había logrado cosechar en la máxima categoría. Durante el cuestionado ciclo del Chacho, el zaguero logró acumular la para nada despreciable suma de ocho compromisos oficiales en la Primera División de River Plate, ganándose el derecho a ser titular en cuatro de esas batallas. Su versatilidad táctica lo llevó incluso a oficiar de bombero por la banda izquierda, tapando los enormes huecos que dejaban las constantes lesiones del campeón del mundo Marcos Acuña y los bajísimos rendimientos físicos del uruguayo Sebastián Viña.

Ese roce en el primer equipo le permitió forjar su carácter en el siempre hostil barro internacional de la Copa Sudamericana, donde sumó rodaje en cinco de las ocho presentaciones del elenco millonario. Su libreta de anotaciones continentales registra un pelotazo magistral que derivó en un grito agónico de Maxi Salas frente al Carabobo en territorio venezolano, pero también esconde la amarga cicatriz de haber fallado un penal decisivo en la tanda frente a Independiente Santa Fe, una noche fatídica donde su ingreso al campo de juego estuvo muy lejos de aportar las soluciones esperadas.

Sin embargo, el factor letal que terminó eyectando al juvenil de la órbita del primer equipo fue la brutal superpoblación de jerarquía que reina en la última línea. El cuerpo técnico evaluó que la única competencia vigente en el calendario no dejaba margen para la rotación. Con la zaga central absolutamente blindada por caudillos del calibre de Nicolás Otamendi y Lucas Martínez Quarta, sumado al recambio que ofrecen Lautaro Rivero y Tobías Ramírez, las puertas del círculo central se cerraron con candado. El lateral izquierdo corrió la misma suerte, con un titular inamovible y con Sebastián Ortega acechando como alternativa competitiva directa.

Esta marginación representa un frenazo en seco para un chico nacido en la ciudad cordobesa de San Francisco que viene remando desde abajo en Núñez desde la temporada 2016. Tras afianzarse como un pilar inquebrantable en la Reserva y deslumbrar al cuerpo técnico de turno, la dirigencia millonaria lo había blindado con un contrato profesional de largo aliento que caduca recién en diciembre del lejano año 2028, una firma que llegó justo antes de tener su soñado estreno oficial en la victoria frente a Banfield por el Torneo Apertura.

Ahora, la determinación inquebrantable del León marca que el juvenil de veinte años deberá reinventarse desde las sombras. Lejos del glamour de los flashes de la Primera División, el club prioriza de manera lógica que el defensor mantenga su ritmo competitivo en la categoría preliminar antes que pudrirse en el banco de suplentes sin sumar un solo minuto de acción. El mensaje bajado desde la secretaría técnica es claro y contundente: el talento no alcanza cuando el plantel es amplio, y la única forma de volver a pisar el césped del coliseo de Núñez será redoblando los esfuerzos lejos de las cámaras.

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