El León aplazó su primer examen táctico y le regaló el invicto al Globo!
La luna de miel en el Más Monumental llegó a su fin de la manera más abrupta y dolorosa posible. El equipo de Núñez firmó una noche verdaderamente negra y cayó derrotado por dos a uno frente a Huracán por la décima jornada de la Zona B del Torneo Clausura. Este golpazo letal significó la primera caída en la naciente era de Leonardo Ponzio, quien quedó en el ojo de la tormenta tras exhibir una preocupante impericia táctica a la hora de mover las piezas en los momentos más críticos del encuentro.
El primer gran bochorno estratégico del flamante entrenador se evidenció desde el vestuario. Apenas corrían cinco minutos de la etapa inicial cuando Thiago Almada pidió el cambio por una severa molestia en su pierna izquierda. Preso del pánico, el técnico decidió mandar a la cancha a Lucas Beltrán, un centrodelantero puro que terminó deambulando como un fantasma durante toda la noche, ignorando por completo la presencia en el banco de opciones naturales y creativas para ese puesto como la del juvenil Lautaro Pereyra.
La cadena de horrores desde el banco de suplentes sumó un nuevo eslabón fatal sobre el cierre de la primera mitad. Ante la inminente salida de Tobías Andrada por un pinchazo en la pierna derecha, el estratega santafesino volvió a fallar en la lectura y apostó por el ingreso de Mauro Arambarri. El mediocampista redondeó otra actuación desastrosa y desperdició una oportunidad inmejorable para redimirse ante un público que no olvida la millonaria e injustificada inversión de casi siete millones de dólares que la dirigencia desembolsó por su ficha.
El tiro de gracia a las ilusiones de remontada llegó en la etapa complementaria. Con el equipo perdiendo y necesitando desesperadamente volumen de juego tras el segundo golpe quemero, el técnico tomó la insólita decisión de sacar a Marcos Acuña para meter a Ortega, un simple cambio de lateral por lateral cuando el partido pedía a gritos la inclusión de un volante ofensivo con el desparpajo de Juan Cruz Meza. A partir de esa condena táctica, el equipo bajó los brazos, no generó una sola jugada de peligro y terminó entregándose mansamente, con el agravante de que el cuerpo técnico insólitamente dejó dos ventanas de cambios sin utilizar.
Esta reprobada táctica deja secuelas durísimas en la temporada. El club dejó pasar un tren fundamental y se derrumbó hasta el séptimo escalón de la tabla anual con cuarenta y dos unidades, quedando a tres puntos y fuera de la zona de clasificación a la próxima Copa Libertadores. Para peor, el equipo se hundió en la novena posición de su grupo, quedando marginado de los puestos de clasificación a los octavos de final. Ahora, el plantel deberá tragar veneno durante el extenso receso de la fecha FIFA, aguardando hasta el próximo 10 de octubre para intentar lavar su imagen frente a Estudiantes de Río Cuarto en Figueroa Alcorta.
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