El arquero marroquí mantiene una particular conexión con el Millonario

El pánico institucional por la inminente fuga de Santiago Beltrán hacia el viejo continente activó un operativo de seducción sin precedentes en las oficinas del Más Monumental. Mientras la dirigencia baraja opciones terrenales para custodiar el arco más grande del planeta, una verdadera estrella de talla mundial volvió a levantar la mano desde el exterior, dejando en evidencia un fanatismo absolutamente desquiciado y pasional por el Manto Sagrado que rompe cualquier tipo de barrera cultural y geográfica.


El periodista Renzo Pantich fue el encargado de destapar la olla y revelar el nivel de locura que maneja Yassine Bounou. El experimentado guardameta marroquí, que paradójicamente jamás en su vida pisó suelo argentino, arrastra una obsesión tan profunda por River Plate que tomó la tajante decisión de bautizar a su propia mascota con el nombre y apellido completo de Ariel Arnaldo Ortega. Su fanatismo extremo lo lleva a conocerse absolutamente todas las canciones de la tribuna y a consumir de manera religiosa cada presentación del equipo, ya sea por el torneo local, la Copa Sudamericana o la Copa Libertadores.

Semejante sentido de pertenencia no nació de un día para el otro. El brillante arquero forjó su amor por la banda roja cruzada al pecho gracias a las concentraciones europeas, donde compartió vestuario y asados con embajadores de la casa como Gonzalo Montiel, Erik Lamela, Lucas Ocampos y el mismísimo Mono Burgos. A sus actuales treinta y cinco años, y tras consagrarse como el héroe absoluto de su selección en el reciente Mundial 2026 al atajarle un penal decisivo a Kylian Mbappé en los cuartos de final, el portero se encuentra facturando petrodólares en el Al-Hilal de Arabia Saudita, institución que desembolsó veintitrés millones de euros por su ficha y lo blindó hasta la temporada 2028.

Esta compleja ingeniería contractual desató una verdadera guerra de información en los pasillos de Figueroa Alcorta. Mientras la secretaría técnica comandada por Stéfano Di Carlo evalúa un abanico de opciones que incluye al colgado Juan Musso y al polémico ex xeneize Agustín Rossi, voces de peso como la del cronista Hernán Castillo aseguran de manera tajante que el marroquí es el único y exclusivo Plan A de la directiva para adueñarse de los tres palos. La estrategia es clara: apuntar todos los cañones financieros a las ventanas de transferencias de enero o junio del próximo año, esperando que el propio jugador logre destrabar su salida de Medio Oriente para cumplir el máximo sueño de su vida.

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